En “Mar Pequeña” se utiliza una innovadora arquitectura sonora en tiempo real. Utilizando una Loop Station y percusión tradicional (tambor gomero, triángulo, palos de agua…), la actriz captura las interacciones del público (soplidos, palmas, voces) para tejer la banda sonora de la obra. Los niños no solo miran, sino que hacen que la historia avance: son el viento, son el ritmo y son el canto que acompañan las canciones creadas en directo.
La tecnología no es un adorno. La Loop Station es la herramienta mágica que permite a los niños resolver los problemas de los personajes: su soplido se convierte en el viento real que hace volar al pájaro, y su balbuceo se convierte en la canción del pez. Los niños son los héroes de la banda sonora.
ESTRUCTURA DRAMATÚRGICA: «Pequeñas historias, grandes logros»
La narrativa de “Mar Pequeña” se articula a través de cinco micro-relatos. Cada personaje presenta una dificultad que se resuelve mediante una interacción específica con el público (acción) y una construcción musical (sonido), fomentando la empatía y la colaboración: Un pajarillo demasiado débil para volar que necesita nuestro aliento como viento; un gusanito sin patas que busca un ritmo de tierra para avanzar; un pez que, sin palabras, nos enseña a convertir el balbuceo en melodía; un grillo diminuto que anhela alcanzar la luz del gran faro y un cangrejo que descubre en su diferencia su mayor virtud.
Al finalizar el espectáculo se da paso a la exploración física. El espacio escénico se abre, invitando a la primera infancia y a sus acompañantes a habitar la instalación: refugiarse en la caseta, sentir la luz del faro o explorar el volcán de aromas. Un viaje completo del asombro visual al juego tangible.











